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Aunque en Argentina hay leyes para tirar para arriba, caen en el fuero de atracción por ley de gravedad y se hacen añicos.

Leyes como las de ética de la función pública, de prevención de evasión fiscal (anti evasión) o penal tributaria, son increíbles. Ficción pura.

Pero la mayor grosería del siglo es la conocida como ley de blanqueo de capitales. Permitió que los mayores evasores, contrabandistas y hasta narcos del país, pudieran “blanquear” su plata oscura, en un santiamén. Nadie preguntó la procedencia de 116.800 millones de dólares sucios, ni les exigió repatriar el dinero. Intentando dejar en secreto a los favorecidos por semejante blindaje judicial. Una tremenda burla a la transparencia pregonada y al pueblo en conjunto. Como hecha a medida.

Tras cartón, surge la ley del arrepentido, que transforma a corruptos y corruptores, en corderos confesionales. En arrepentidos de lo que nunca se van a arrepentir, en delatores de lo que fuera, con tal de ser absueltos por justicia divina y quedar impecablemente prestos para volver al ruedo, como Paolo Roca en Vaca Muerta. Circo beat.

Hay razones concurrentes para que los detectores de corrupción, no encuentren al cordón umbilical que los une con los evasores. A la matriz de donde salen. Al origen del manejo del dinero en negro. De donde y de quién surge el efectivo en pesos o dólares. En bolsos o camiones.

Claramente no hay voluntad política para terminar con el dinero en negro, con la evasión. Son especialistas para después blanquear.

Si quisieran terminar con el juego, deberían quitarles la pelota con la que juegan. El dinero en efectivo. Hay que sacar la plata contante y sonante de la cancha, con mecanismos sencillos. Utilizando dinero electrónico y bancarizado para todas las transacciones comerciales e impidiendo cobros o pagos de dinero físico para montos superiores a los diez mil pesos. ¿Tan difícil es instrumentarlo? .Hasta los jubilados o beneficiarios de asignación universal por hijos, perciben sus haberes por medios electrónicos.

Da la sensación, que para no molestar a las gallinas de arriba, (con resabios de la ley del gallinero), solo embroman a almacenes de barrio y monotributistas sociales, que no tienen nada de qué arrepentirse, ni nada para blanquear.

El Disparador Uruguay

Juan Carlos Botta – Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
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